Matacanónigos


Sevilla, 7 de febrero de 2014


La pasada tarde llegaba a Génova desde las gradas de la Catedral un cliente que nos comentaba el aire frío que estaba corriendo estos días de febrero, tras pedir un café y entrar en calor, ya con su abrigo desmontado en un banco de la barra, le comentábamos que si había pasado por la esquina de Matacanónigos.

¿Matacanónigos? nos preguntó, ¿y dónde está esa esquina?       

Si usted quiere ver correr aire fresco, cuando salga de Génova tome Alemanes desde la Punta del Diamante y vaya a la esquina que forma Placentines con el Palacio Arzobispal, y deténgase allí, frente a la puerta menos vistosa de la Catedral, la del Lagarto, allí donde en las noches de febrero hay el mismo silencio y frío que en Don Remondo, la calle donde siempre es enero (frase de Carlos Navarro Antolín), donde siempre se han formado las mejores bullas en una mañana de la Virgen.






¿Y por qué llaman a esa esquina Matacanónigos?

Según hemos leído en el recuadro del Maestro Antonio Burgos, que lleva por título este apelativo, fue Don Santiago Montoto el gran divulgador de este topónimo, y que en una guía de Semana Santa de Manolo Grosso se lee: "La esquina de Placentines con el Palacio Arzobispal era conocida por el pueblo como Matacanónigos por los vientos que corren en invierno y las pulmonías que provocaban"

Ya lo dijo también el gran Francisco Robles en su Mediodía en Matacanónigos, "allí se cogen las mejores pulmonías del mundo"

Otras fuentes que hemos curioseado coinciden indicando que recibía ese nombre popular por ser una zona de confluencia de vientos que provocaban bastantes resfriados y pulmonías letales en los muchos religiosos que pasaban por ella día tras día camino de la Catedral al Palacio Arzobispal, y que esos vientos fríos que en invierno llegaban, eran provenientes directamente del río por la calle de La Mar hoy García de Vinuesa.

Por cierto, ¿ha visto usted la portada de la revista de cuaresma de 2014?



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